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I. EL PROBLEMA
Quiero saber lo que es el lenguaje , esa realidad que me posibilita mi ser y mi existir en este mundo. En principio el lenguaje, mi lenguaje es una realidad que me viene desde mi interior, es decir, es esa realidad que constituye de una manera u otra mi propia conciencia, mi propio ser en el mundo, en contraste y oposición a la lengua que yo utilizo, el español, una realidad que me viene a mí desde el exterior, es decir, desde mi comunidad de hablantes. El lenguaje que se ejecuta a diario es el lenguaje individual, el lenguaje que el sujeto hablante dicente y cognoscente, es decir, yo, mi yo ejecuto desde lo más profundo e íntimo de mi ser. De esta manera yo soy el ser que habla dice y conoce, el ser que por hablar dice, que por hablar y decir conoce, y que por hablar decir y conocer entiende y piensa para seguir viviendo. Mi lenguaje pues es algo que nace en mí y muere en mí también, en mi acto de hablar decir y conocer; en definitiva, mi acto genuino de mi conocer. El lenguaje así es un algo que es creado por mí mismo en el momento del hablar en una relación inseparable de hablar, decir, conocer, entender, pensar, y vivir. Pero el problema que me quiero plantear aquí es si el lenguaje me ha hecho a mí o, por el contrario, soy yo el que me he hecho a mí mismo por medio de lo que hemos llamado el hablar decir y conocer, el lenguaje, mi lenguaje. En principio podemos ver que no es el lenguaje el que me ha creado a mí. Soy yo el que mediante la actividad de eso que llamamos el conocer ha creado mi propio lenguaje, mi propia lengua, mi propio ser en el mundo, mi propio mundo lingüístico, y en una palabra mi yo que vivo y no tengo más remedio que seguir viviendo. Porque yo vivo, yo, el sujeto que habla dice y conoce, el sujeto que por conocer sobre el mundo que me rodea con el único fin de sobrevivir en cada circunstancia de mi vida crea el decir, la definición que yo hago sobre aquello que me interesa expresar en mi acto lingüístico, expresando con ello mi intención significativa manifiesta en palabras de mi lengua. Esto es así porque soy libre, y a la vez limitado, y me valgo de mi saber anterior, los pensamientos formados por mí anteriores a mi acto del conocer con tal de conseguir una finalidad que me propongo en cada acto lingüístico, la cual me ha de servir para mi conocer mi decir y mi hablar. Puesto que soy libre pero limitado, es decir, histórico, sujeto que vive en un momento dado de la historia, tengo que hacer algo, es decir, crear los medios de mi subsistencia en la circunstancia en la que me encuentro en cada momento.1 Por tanto, sea a la fuerza o no, yo soy un ser creador, que crea su propio mundo lingüístico en el que vive. Mundo que es creado por mí, sí, pero en participación y colaboración de mis co-hablantes. En mi analizar mi lenguaje, eso que digo que me viene de dentro de mí, encuentro que en su ejecución yo no estoy sólo: que me valgo de medios que no son enteramente míos, medios que me vienen de fuera, de mi comunidad de hablantes, de mi lengua. Por tanto, puesto que yo soy limitado, ser que tiene que hacerse a sí mismo en la historia que le ha tocado vivir, ser histórico, reconozco a mis co-hablantes con la misma capacidad de hablar y de crear que yo. Esto quiere decir, que yo necesito a mis co-hablantes representados ante mí como el tú para llevar a cabo la ejecución de mi ser en el mundo en el acto del hablar decir y conocer mediante los instrumentos a priori, es decir instrumentos necesarios (Kant) que constituyen mi conocer mi decir y mi hablar, mi acto lingüístico compartido. De esta manera, entre el yo que habla y el tú que interpretas mi decir y mi hablar creamos el diálogo, pero no a través de las palabras de la lengua sino a través del logos (el pensar y decir), el διάλογος (=a través del logos), cuya razón de ser no es más que el pensamiento anterior que subyace a toda la expresión común entre ambos que constituye el acto lingüístico, nuestro acto del hablar decir y co2nocer en el que participamos por igual el tú y el yo relevándonos el uno al otro, momento en el que la palabra reverbera (Humboldt) haciéndose verdad.
II. YO Y EL HABLAR DECIR Y CONOCER
El hombre habla, es decir, yo hablo porque tengo algo que decir, digo y hablo porque conozco y, puesto que hablo digo y conozco entiendo, y puesto que hablo digo conozco y entiendo pienso. En el substrato de todo esto está mi conocer y la definición de mí mismo sobre lo conocido, mi decir. De esta manera podemos ver una relación de interdependencia entre las cinco actividades humanas individuales señaladas de la siguiente manera: el conocer es la realidad más radical de todas. Yo soy quien conoce y porque conozco tengo algo que decir. El decir es la definición del sujeto, de mí mismo, mi yo, ante aquello de lo que me propongo hablar. Por tanto, el conocer posibilita el decir y el decir determina el hablar. Y juntos el hablar decir y conocer posibilitan el entender, y con ello el pensar. Esta progresiva determinación de las cinco actividades que constituyen mi ser y que yo ejecuto en mi diario acto de hablar decir y conocer, en su génesis más profunda olvidan la actividad más importante que está siempre presente en mi ser el mundo, el querer decir , ya sea con palabras o no. En mi actuar y en mi vivir en este mundo siempre que hago algo es porque quiero. Siempre puedo hacer lo que estoy haciendo o bien dejar de hacerlo o bien hacer otra cosa . Yo siempre, en todo mi actuar en el mundo especialmente desde que soy adulto, para sobrevivir y vencer mi circunstancia, me propongo alcanzar siempre un fin. Y esto es así porque soy libre. Nadie más que un ser libre puede proponerse conseguir un fin. Y el fin que me propongo no es más que el fruto más inmediato de mi libertad. Puesto que yo soy libre antes de pensar me decido siempre por un decir, es decir, mi acción de ponerme a pensar es una decisión libre. Y tras el pensar elijo un fin que siempre responde a mi lucha contra la circunstancia. El decir, en consecuencia, es la definición del sujeto ante aquello que previamente se propone conseguir. Por tanto antes que el decir aparece en mi conciencia el querer decir algo. Pero fijémonos bien. El querer decir implica ya la conciencia de ser, la conciencia de mi ser en el mundo en el que lucho por superar mi circunstancia. De esta manera lo primero de todo es el yo, mi yo que vivo y por lo cual coexisto con «lo otro que yo», las cosas .
De esta manera el decir determina el pensar por arriba y por tanto el conocer, y el hablar por abajo y el pensar para elegir un fin. El pensar consiste en la búsqueda del fin que yo me propongo conseguir por motivos que sólo se pueden explicar por la libertad, mi libertad . El fin que yo me propongo conseguir se manifiesta en el decir directa o indirectamente. Para conseguir este fin propuesto utilizaré mi conocer, con lo que mi conocer, que es siempre voluntario, se doblega a mi voluntad. Una vez propuesto un fin haré todo lo posible por alcanzarlo utilizando mi hablar y manifestando dicho fin por medio de las palabras y los medios de expresión de mi lengua.
De esta manera podemos ver que a las cinco actividades mentales señaladas tenemos que añadir otra, mi propio querer hacer algo, mi propio ejecutar mi propia libertad, libertad que, como he dicho en muchas ocasiones, es siempre muy limitada. Yo soy libre, es decir, tengo que ejecutar mi limitada libertad porque no tengo más remedio que luchar en mi vida para sobrevivir en la circunstancia en la que en todo momento me siento inmerso. Pero fijémonos bien: estas actividades que he ido señalando no existen en sí. Soy yo el que al reflexionar sobre mi conducta al hablar conocer entender pensar y decir hago la objetivación de estas realidades que sólo existen en mí y descubro por la reflexión sobre mí mismo. Todas estas actividades son parte de mi actividad cognoscitiva que se manifiesta en el hablar. Todas estas actividades en realidad tienen una única realidad que es mental. Y todas estas actividades se manifiestan en el hablar, la única de todas ellas que se manifiesta con existencia concreta. El sujeto hablante así, yo, mi yo, vive dentro de un mundo lingüístico que yo creo como sujeto que vive dentro de una comunidad de hablantes, sujeto histórico. La actividad del hablar decir y conocer se manifiesta utilizando medios comunes que están en vigor en mi comunidad de hablantes, es decir, en mi lengua. Y mi lengua no es más que la forma común de desarrollar la actividad única del hablar dentro de la comunidad de hablantes que la lengua misma forma, la cual tiene una tradición en la técnica del hablar que me es ofrecida a mí para ejecutar mi hablar decir y conocer junto con y en participación con mis co-hablantes.
III. YO Y MI LIBERTAD. MI REALIDAD RADICAL.
Si analizamos de nuevo estas seis actividades, el hablar, el decir, el conocer, el entender, el pensar, y el querer decir que acabamos de identificar con mi voluntad y más profundamente con mi libertad, veremos que de todas ellas excepto de la última, mi libertad, me puedo separar en mi reflexión sobre esas mis actividades. Yo me puedo separar a mí mismo como realidad distinta del hablar: una expresión una vez proferida ya no es mía, ya es objetiva en sí misma. Igualmente podemos decir del decir, lo dicho, el λεκτὸν lektón (lo pensado y dicho), el cual se hace intersubjetivo y objetivado. Y lo mismo podemos decir del conocer: una vez conocido algo esto se hace trascendente: va más allá de lo conocido y me sirve para aplicarlo en otras ocasiones. Y lo mismo podemos decir del entender, una realidad que se sobrepone a mí y me hace volver a pensar. Y por último del pensar: una actividad que tengo que seguir haciendo y ejecutando so pena de fracasar en el desarrollo de mi propia vida. Sin embargo yo no puedo separarme nunca de mi libertad, llámese voluntad o querer decir o querer hacer. Por tanto, la realidad radical , aquella de la que tengo que partir para estudiar mi lenguaje, para estudiar lo humano y para estudiarme a mí mismo, soy yo un ser provisto de libertad, de la que no me puedo separar. Y soy yo igualmente quien tiene que hacerse a sí mismo en el corto espacio de tiempo que me ha sido dado en la historia, en mi historicidad, de la que tampoco me puedo separar y de la que tengo la obligación imperiosa de crearla en colaboración con otros para hacer mi vida.
IV. MIS DIMENSIONES ESENCIALES
Pero el ser humano, yo, el ser hablante dicente y cognoscente, sujeto histórico que habla con otros como condición inexcusable para que se ejecute el lenguaje, colabora y participa con otros en la tarea común de crear la lengua, un objeto histórico de los muchos que crea el sujeto hablante en su vivir y su sobrevivir en el mundo. Si yo quiero saber ahora qué es el lenguaje tengo que olvidarme de lo que es la lengua puesto que, como hemos visto, la lengua es un algo que me viene a mí desde la comunidad lingüística, algo en principio ajeno a mí. Si yo quiero saber qué es el lenguaje, mi lenguaje, tengo que reflexionar sobre lo que yo hago y soy en la actividad del hablar y las actividades señaladas arriba. La comunidad lingüística es creada tras el hablar y por el hablar, tarea en la que participan todos los hablantes, puesto que constituye la tarea común del hablar decir y conocer. Tengo que centrar mi reflexión sobre lo que yo soy y qué dimensiones tengo para poder actuar y sobreponerme a mi circunstancia.
El sujeto hablante, sujeto creador de tanto el lenguaje como la lengua, tiene tres dimensiones que son necesarias señalar aquí: a) la dimensión sujeto-objeto, la dimensión creadora, fruto de mi libertad. Puesto que yo soy libre los objetos mentales que me siento obligado a crear en mi hablar diario son siempre nuevos, surgen en el momento del hablar y del actuar en mi vida; b) la dimensión sujeto-sujeto, la dimensión que dimana directamente de mi propia condición de ser como sujeto hablante, la condición de ser-con-otro, condición que Coseriu llama la alteridad - la historicidad y Ortega y Gasset llama la razón histórica . Yo como ser humano, no nazco ya hecho sino que tengo que hacerme a mí mismo a través de pequeñas decisiones tomadas a lo largo de mi vida, tras las cuales y por las cuales hago mi proyecto de vida , siempre de forma individual superando siempre la circunstancia y siempre proyectado hacia el futuro. Yo soy hoy lo que ayer decidí ser y seré mañana lo que hoy voluntariamente decida ser. La dimensión de la alteridad hace que el hombre, yo, mi yo tenga que participar y colaborar con otros en la tarea común de crear un mundo lingüístico en el que viva y me desarrolle; y, por supuesto, c) la dimensión que tratamos de estudiar, el lenguaje, mi lenguaje, dimensión en la que confluyen las dos dimensiones anteriores y que hace posible estudiar las otras dos dimensiones, qué soy yo, y qué son las cosas entre las que me encuentro y tengo que domeñar a mi conveniencia.
V. MI LENGUAJE
Lo que me propongo estudiar ahora es mi lenguaje, una realidad que nace en mí y de la que sólo podré saber analizando reflexionando y estudiando mis actividades señaladas arriba. Puesto que siempre que se habla se habla en una lengua, tendré que analizar mi propio saber originario, el saber que todo hablante tiene sobre sí mismo y sobre sus actividades libres . Con esto, mi acto del conocer consistirá en la integración de un saber actual dado por mi intuición, el que vaya deduciendo de mi realidad interior, y un saber anterior que necesariamente pertenece a mi saber idiomático, un saber que por supuesto versa sobre lo histórico y contingente, mi saber técnico de hablar mi lengua. Con ello tendré que analizar los elementos más básicos que constituye mi hablar, es decir, los elementos a priori que hacen posible mi lenguaje, gracias al cual yo fabrico mi propio ser en el mundo.
Puesto que lo que nos da la ejecución del lenguaje no es más que la representación lingüística de lo real, lo cual no consiste más que en delimitar lo representado en clases o categorías lingüísticas , siendo en sí esta actividad mera representación que denota no las cosas en lo que son sino clases potenciales y virtuales del ser de las cosas, estas clases han de ser ulteriormente determinadas por el contexto, la situación y los entornos para que se hagan reales. Es decir, todo lo dado en el lenguaje no es más que clases o categorías virtuales y potenciales que han de ser orientadas hacia las cosas transformando el constructo creado en un algo objetivado, actual, delimitado, contextual, situado, designado, y por tanto único, es decir real. De esta manera, mediante la operación mental de la determinación los elementos que analicemos son constructos lingüísticos que llevan en sí un modo de pensar, un modo de ser de lo representado, una función, y un modo de decir (o categoría). El problema que tratamos de analizar pues tiene que ver con la realidad del lenguaje en todas sus manifestaciones. El concepto de lenguaje, un concepto propio de una lengua , lleva consigo modos de pensar, modos de ser de lo representado, funciones, y formas de decir que en sí mismos determinan mi conducta verbal y lo que entendemos por el lenguaje, realidad que necesariamente se ejecuta siempre en una lengua. Ahora bien el lenguaje que yo quiero describir es la realidad que vivo a diario y en todo momento, la realidad que surge en mi interior y que se manifiesta en múltiples elementos que constituyen mi vivir.
El lenguaje dependiendo de la lengua hablada siempre se ha descrito o bien como una realidad en sí única y unitaria o bien como una realidad doble separando así el lenguaje por un lado y la lengua por otro. Por este motivo además el lenguaje ha sido definido de distintas maneras dependiendo del modo de pensar que el hablante o el lingüista utiliza en su vivir. Así el lenguaje se ha definido como algo natural , concepción propia del modo de pensar substante, modo de pensar que nos viene de los griegos y que ha llegado a estructurar las que podemos llamar las lenguas occidentales, aquellas con una tradición cultural común desde su formación tras los griegos y el cristianismo.
Propia también del modo de pensar substante es la concepción múltiple que hace Coseriu quien, especificando que el lenguaje no tiene existencia concreta , define el lenguaje como la aprehensión del ser , la creación de significados , la objetivación de contenidos de la conciencia , la delimitación de especies, lo propio del ser hablante , etc. y junto a estas definiciones Coseriu señala los llamados universales del lenguaje, que son cinco, a saber: a) el lenguaje es significativo; b) el lenguaje es creativo; c) el lenguaje es para otros; d) el lenguaje se hace a diario en la historia; y e) el lenguaje es material : se ejecuta en sonidos e imágenes. Todos estas definiciones son ciertas y adecuadas a lo que es el lenguaje. No obstante todas ellas son fruto de la objetivación necesaria que el lenguaje lleva consigo y son conclusiones sacadas de la realidad radical, el ser hablante. La realidad radical que aquí propugno debe ser reformulada más allá del ser hablante , más allá del decir , y más allá del conocer .
VI. MI YO, MI REALIDAD MÁS RADICAL
En este artículo quiero definir mi lenguaje, quiero saber qué es el lenguaje que yo vivo, quiero saber el por qué de mi lenguaje, quiero reflexionar sobre aquello que nace en mí y me hace a diario tomar conciencia de mí mismo en todo aquello que hago, digo, pienso, imagino, e incluso sueño, haciéndome así cada vez más humano, más ser en el mundo.
La realidad radical de la que parto es la realidad más radical de todas, el yo, del que no puedo decir más que soy, que soy creador porque soy libre, y que soy limitado porque soy un ser histórico que vivo en un momento muy señalado de la historia. Por tanto yo tengo que hacerme a mí dentro de esa historia en colaboración y participación con mis co-hablantes. El lenguaje, mi lenguaje se confunde con mi primera dimensión, mi creatividad, mi yo, lenguaje que en muchas ocasiones se muestra, además de en mi lengua, en mis actividades libres, digamos, el pintar, el cantar, el construir algo, el crear imágenes, el escribir, el conducir, el jugar, etc. Yo soy efectivamente porque soy creador y a la vez soy histórico. Yo soy porque siento la necesidad imperiosa de hacer algo para hacerme a mí mismo en cada momento. Yo soy porque tengo la necesidad de vivir con otros, mis co-hablantes. Yo soy porque vivo. Y vivir no es más que tomar conciencia de mí mismo y hacer algo para sobrevivir en la circunstancia en la que estoy envuelto en todos los momentos de mi vida. En consecuencia yo soy antes que mi lenguaje. Y mi lenguaje manifiesta lo que yo soy o lo que yo era cuando hice esto o aquello. Y puesto que yo soy y tengo que hacer algo para seguir viviendo yo soy un ser proyectado hacia el futuro . Yo soy hoy porque ayer fui otra cosa . Yo soy cambio: pura toma de decisiones en todos los momentos de mi vida.
El yo, mi yo, mi vida es todo aquello que yo he hecho a lo largo de mi vida, aquello que yo he ido construyendo desde mi interior a lo largo de mi vida pasada, mi propia conciencia de ser y mi mundo lingüístico del que me he valido en todo momento anterior y me valgo en el momento presente para sobrevivir ejecutando y haciéndome así mi propio proyecto de vida.
VII. LA REALIDAD DE MI LENGUAJE
El lenguaje, como esa realidad interior que se manifiesta exteriormente en la lengua, en mi lengua y en todas mis actividades libres se puede concebir y designar de distintas maneras. Por ejemplo en español, la realidad del lenguaje podemos concebirla como lenguaje, con el nombre sustantivo señalado, y como hablar, con el verbo señalado, dos formas de designar la misma realidad cada una de las cuales lleva consigo un modo de pensar y un modo de ser de lo que es concebido. La primera forma de concebir y designar el lenguaje es el llamado modo de pensar sustantivo que concibe lo designado como cosa que es en sí, es decir, como realidad objetiva que como tal es considerada como existente en sí misma. Y la segunda lleva consigo el modo de pensar real que concibe lo representado como aquello que actúa en mí y sobre lo cual yo actúo, es decir, que designa la actividad que yo ejecuto siempre que hablo, siempre que pienso, y siempre que ejecuto una actividad libre. El primer modo de pensar y de concebir lo designado es el pensar substante según el cual el lenguaje aparece como algo estático, algo que está ahí, que existe por sí y en sí. El segundo modo de pensar y concebir lo representado es el modo de pensar real, el lenguaje aparece como la actividad que desarrollo siempre y en todo momento, un modo de pensar diametralmente opuesto al anterior. De otra manera: cada uno de estos dos modos de pensar lleva consigo concepciones distintas de la realidad del fenómeno lenguaje. Así pues en español lo concebido, es decir, lo representado puede aparecer formulado o bien como una entidad o substancia, algo que existe de por sí y que no necesita de nada más para existir , frente a la concepción de lo concebido como representación de algo sobre lo cual yo actúo y eso concebido actúa a su vez sobre mí, modo de pensar real .
Los hablantes por su parte saben distinguir lo que es el lenguaje, lo que es la lengua, lo que es el significado, y lo que es lo designado. De esta manera, el concepto de lenguaje, de lengua, de significado, e incluso el concepto de lo representado (las cosas) se han de separar según su concepción (su modo de pensar) y según la realidad de cada uno de estos conceptos: la realidad del lenguaje, la realidad de la lengua, la realidad del significado (los contenidos de la conciencia), y la realidad de las cosas (asuntos pragmáticos creados por mí al hablar según mi propio interés ) son cosas en un doble sentido. Son cosas en cuanto que son dichas en el momento del hablar por un lado, y por otro son cosas en cuanto que pertenecen a una tradición en la técnica del hablar dentro de una lengua. De otra manera, las cosas no existen en sí mismas, no son entidades. Son asuntos pragmáticos de lo que yo me valgo para reestructurar lo que me rodea y así servirme de ellas. Yo cuando designo las cosas tengo que crearlas según sea el interés que me sirve a mí en ese momento dado. Por tanto las cosas son cosas en cuanto que son conocidas por mí, sujeto que vive en un mundo lingüístico que he creado junto con los hablantes que componen mi comunidad lingüística, mi lengua .
Lo mismo podemos decir de la realidad del lenguaje: para hablar del lenguaje, de mi lenguaje yo tengo que crear esa realidad según me conviene a mí en cada momento de mi hablar. El lenguaje, mi lenguaje es para mí esa realidad que yo vivo porque soy libre de la que me sirvo para hablar y para ejecutar todas las actividades libres que desempeño yo para sobrevivir en mi circunstancia en todo momento, las cuales están orientadas a ordenar mi existir en el mundo lingüístico que voy creando cada vez que hablo y actúo en este mundo, ya sea cuando yo hablo y actúo solo, es decir, cuando pienso, o ya sea cuando hablo (o actúo) en colaboración con otros, mis co-hablantes en el diálogos, es decir, a través del pensar y del decir que se pone en común entre yo (el hablante) y el tú (el oyente), creando conjuntamente la realidad y nuestro propio yo, y sirviéndonos de lo creado a nuestra mutua conveniencia.
VIII. MI LENGUAJE COMO SER SUBSTANTIVO
En mi modo de pensar recibido, es decir, el modo de pensar substante recibido en mi lengua (el español) de los griegos, el ser de las cosas, la realidad de todo aquello que es concebido (incluyendo entre las cosas al lenguaje) es concebido como un algo que es en sí. Como hemos visto más arriba, considero a dicho modo de pensar como el modo de pensar antagónico para concebir lo que designo como mi lenguaje. Como en las lenguas occidentales indoeuropeas el modo de pensar substante es el modo de pensar que estructura la visión del mundo por los hablantes de estas lenguas, entre las cuales está el español, expongo aquí la concepción que algunos autores tienen sobre lo que es el lenguaje, lo real del lenguaje. El modo de concebir el lenguaje como entidad, como algo que está ahí, que me desafía a mí con su ser, se manifiesta de modo propio según el pensar del ser substante.
Si el lenguaje es algo que está ahí y todos los seres humanos tienen el lenguaje la conclusión más directa que se puede sacar es que el lenguaje es una realidad natural, algo que está en la naturaleza humana de alguna manera, de ahí que algunos lingüistas designen lo que llaman language como un fenómeno natural expresando dicha realidad como natural language, expresión confusa por dos motivos: a) por no separar la realidad del lenguaje como distinto de la realidad de la lengua y la realidad del discurso, y b) por atribuir al lenguaje una realidad universal inter-específica considerando que el lenguaje es una «posesión común» entre los humanos y más allá de los humanos señalando en especial el lenguaje de las abejas, los «insectos» . Pongamos un ejemplo semejante. Concebir la realidad de la naturaleza de manera substantiva es una simplificación que sólo sirve para designarla sin especificar su cómo ni por qué. La naturaleza es una realidad múltiple que está siempre en movimiento y que se compone de muchísimas realidades distintas y muchísimos elementos. Concebirla de forma unitaria sólo nos lleva a la generalización de un concepto de ser que no se aplica a lo designado. Es una simplificación realizada por conveniencia por dos motivos: a) la capacidad humana del conocer: el ser humano conoce lo universal en lo individual . Por tanto concibe esa realidad múltiple y compleja como si fuera una; b), la concepción del concepto «naturaleza», por el hecho de ser lingüística, es una concepción arbitraria: representa un algo que no es objetivándolo como si fuera. De modo semejante, el concepto «lenguaje» según el modo de pensar substante constituye lo designado como una objetivación arbitrariamente simplificada convirtiendo tal objetivación en contenidos de la conciencia, es decir, haciendo del concepto un significado que representa algo muy complejo convencionalmente. Como significado dicho concepto vale para empezar a conocer más profundamente lo que es en sí. Es si se quiere el punto de partida necesario para añadir una teoría y estudiar la complejidad del concepto referido de manera científica. Como lingüístico dicho concepto es arbitrario. No nos dice nada de lo que es, meramente representa un algo hecho algo por ser convencional.
IX. MI LENGUAJE COMO PSICOLOGÍA
Fruto de la misma concepción sustantiva del lenguaje como hecho natural es la justificación dada al lenguaje fundándolo en la psicología humana. Para Chomsky, el lenguaje se da en la psicología humana o en la psicología de la mente . La psicología no es nada que sea autónomo en sí. De darse la psicología se da en el ser humano individual. La concepción que tengamos sobre lo psicológico depende pues de lo que consideremos que es el ser humano en sí que siempre se manifiesta como un ser humano individual. De otro modo: el concepto de lo que pueda ser lo psicológico depende de la concepción que tengamos de lo que es el ser humano, de lo que soy yo, puesto que el ser humano se manifiesta siempre en lo individual. Por tanto, el ser del ser humano es anterior a toda la psicología, siendo el propio lenguaje el que da soporte a esa realidad que llamamos psicología que se manifiesta en el ser humano individual. Con esto decir que el lenguaje se da en la psicología es igual que decir que el lenguaje es una realidad natural justamente porque el ser humano se compone inseparablemente de una realidad material, su cuerpo y su biología, y una realidad mental. Pero esta realidad no es doble sino que se da de manera indisoluble. No se da la realidad corporal de forma independiente de la realidad mental ni viceversa. Desde la época de Descartes se vio que la separación de lo mental y de lo corporal era una aporía . La psicología claro que existe pero no es, ni mucho menos, anterior al lenguaje. Tenemos que estudiarla en su justo fundamento y su justo ser.
La psicología por otro lado se suele confundir con la propia forma del funcionar del conocer humano. Esta es la psicología cognitiva que pertenece al proceder histórico del conocer humano basado en las creencias. Hoy en la llamada lingüística cognitiva se estudian aspectos del conocer humano (las creencias) experimentalmente, lo cual es una flagrante contradicción. Se trata de conceptos tales como embodied thought, la categorización, los cognitive models, los cognitive mechanisms, y las mismas metáforas . De esta manera hay tantas manifestaciones de la psicología «humana» como lenguas hay en el mundo, pero con una particularidad: todas estas manifestaciones de la psicología cognitiva, vengan de la lengua que vengan, revelan la estructura de la mente como realidad universal. Así Rosch estudia los colores en sí experimentalmente pero no como propios de una lengua sino como propios de la mente humana .
X. MI LENGUAJE Y MIS CREENCIAS
El problema que se plantean los cognitivistas con explicaciones como la anteriormente señalada es el problema de las creencias, las cuales aparecen en el actuar del ser humano en el mundo y se manifiestan en la lengua hablada. Las creencias existen en todas las lenguas las cuales responden a los intereses y preocupaciones propios de sus hablantes. Estas no son más que concepciones de las cosas aceptadas del común, es decir, aceptadas «de lo que dice la gente» porque dichas concepciones están en vigor en un momento dado más o menos largo de la historia. Las creencias son procederes que en un momento dado sirvieron para superar un problema o una situación en el hablar. Quien superó tal problema lo aceptó en su bregar diario en el mundo y le sirvió como un conocimiento práctico, un saber, para vencer de nuevo el problema implícito en sucesivas situaciones similares. Muchos de estos saberes basados en creencias pasaron al acervo lingüístico común siendo aceptados como útiles para hacer una actividad dada, por ejemplo, la actividad de contar . Con el tiempo estas creencias iniciales como el contar dieron lugar a ideas tales como la unidad, los números, la representación autónoma de los números, la invención del cero, la aritmética, el álgebra, y la geometría. De esta manera, el ser humano, que nace como un ser desvalido, en el principio de su vida sólo dispone de su sensibilidad en su relación con el mundo. Por este motivo acepta las creencias que ve en sus mayores sin reparar si son creencias o no lo son. Con su desarrollo, el ser hablante dicente y cognoscente lentamente abandona lo sensible y algunas de las creencias que aceptó sin discusión alguna creando así su propio modo de pensar y en consecuencia su propio pensamiento. Las creencias, que se transmiten por medio del lenguaje, son muchas y muy variadas incluyendo tipos de creencias de muchas clases. Los significados en cuanto contenidos de la conciencia comienzan en el niño como creencias, contenidos de la conciencia que el sujeto hablante va matizando en todos los momentos de su vida hasta convertirlos en instrumentos virtuales válidos como tales instrumentos para representar las cosas reales.
Mi lenguaje y los significados: contenidos de mi conciencia
Pero los significados que hemos referido no son autónomos respecto a su darse en una lengua ni autónomos en cuanto a su formación. En su formación y concepción los significados dependen directamente de lo que son los modos de pensar y sus implícitos modos de concebir las cosas representadas en el lenguaje o modos de ser de las cosas. La realización de un modo de pensar más la denotación o designación potencial constituyen el significado con que me expreso en la ejecución de mi lenguaje. Tanto la designación como la denotación son fases que se dan en mi acto lingüístico o acto del hablar decir y conocer. No hay un hablar sin un decir, y no hay un hablar ni un decir si no hay un conocer previo. La designación es la relación que el constructo significativo guarda con las cosas del mundo real, de las que al hablar dice algo a la vez que las crea. Es decir, la designación refiere una doble realidad: la cosa real que es creada y lo creado que es dicho de esa cosa. Pero antes de la designación se da la concepción de aquello de lo que el hablante quiere hablar (la denotación). La denotación no es más que la concepción de lo representado en el acto del hablar decir y conocer, y desde el punto de vista de su génesis, es decir, nacionalmente es lo primero. La denotación es posible gracias al instrumento inicial que todo hablante tiene para crear los significados, los modos de pensar. Estos son el substrato primero del pensar anterior al acto del hablar queconsisten en seleccionar de entre los posibles dentro de una lengua el modo de concebir aquello creado mentalmente de lo que queremos decir. Los modos de pensar se ejecutan en los modos de concebir las cosas, los modos de ser de las cosas, como hemos dicho.
Los modos de pensar están basados en creencias. Son creencias tan fundamentales y tan necesarias en nuestro diario hablar que es difícil que lleguemos a darnos cuenta de lo que son en sí mismas ni del valor que tienen en el hablar y el conocer. Por ejemplo, son creencias eso que llamamos el sentido común, verdad o conjunto de verdades más allá de las cuales no nos atrevemos a dudar: las consideramos como la realidad misma. Cuando queremos hablar de algo, antes de todo otro acto anterior tenemos que seleccionar si históricamente dentro de una lengua es posible decir lo que quiero decir y sobre todo cómo lo puedo decir. El problema primero consiste en determinar si en mi comunidad lingüística y mi historicidad lo que voy a decir se dice como verbo, ejemplo, trabajar; o como sustantivo, trabajo; y si éste si consiste en un algo estático o realizado, algo que está ahí, obra, o algo dinámico, tarea o actividad; etc. Con la ejecución del modo de pensar y su implícito modo de ser de lo representado y los instrumentos nocionales de la denotación y la designación más los instrumentos que constituyen la determinación (verbal y extraverbal) se ejecuta la síntesis de la que hablara Kant, la conexión sintética de la intuición , dando lugar al acto del hablar decir y conocer.
Los modos de pensar, concepto de Ortega y Gasset , constituyen el sustrato de tipo nocional que define el constructo cognoscitivo en su propia concepción como modo propio de concebir lo representado. Los modos de pensar son aprendidos de la tradición en la técnica del hablar a la par que se aprende el lenguaje. Constituyen así el conocimiento técnico, el saber que define un acto lingüístico como tal acto lingüístico. Los modos de pensar se aprenden pues de la misma manera y a la vez que se aprenden las creencias en las que los modos de pensar están basados.
Como ilustración inicial al problema de la formación del concepto de «lenguaje» a través de un modo de pensar dado, veamos el concepto del «lenguaje» que estuvo en vigor en el inglés antiguo o anglo-sajón y la vigencia de ese modo de pensar en el momento presente. En el Old English o anglosajón la denotación del concepto «lenguaje», , estaba formada sobre la base del concepto de «tribu» expresado por el sustantivo (=tribu). En la formación del sustantivo encontramos el prefijo . que unido al sustantivo , daba el matiz semántico de compañía. De provenía también el verbo que significa unir, unirse, el cual en combinación con el prefijo . daba la idea de consecución exitosa de la acción denotada por el verbo, definitivamente. De esta manera (=lenguaje) designaba algo así como «joining the tribe successfully». Y...¿cuándo se unía uno a la tribu? Pues cuando nacía. Así pues el concepto « (lenguaje) se había formado como un algo que estaba relacionado con la tribu siendo el nacimiento el hecho a partir del cual el bebé manifestaría el lenguaje que era el propio de su tribu , el cual se manifestaría con su desarrollo. De aquí que el lenguaje se concibiera como algo natural, algo que era congénito al recién nacido dentro de la tribu. Podemos concluir del hecho señalado lo siguiente: a) el lenguaje era algo propio de la tribu, algo que se tenía o no tenía si nacías o no en la tribu, por tanto , el lenguaje es algo natural; b) puesto que la tribu estaba formada genéticamente por la misma clase de gente, el lenguaje era concebido como lo que llamamos hoy «la lengua» por lo que las gentes de otras tribus tendrían una forma de hablar distinta. La adquisición del lenguaje se trataba pues de un proceso natural puesto que los miembros de otras tribus hablaban lenguas que no se entendían o se entendían dificultosamente. Hoy día este modo de pensar persiste en la lengua inglesa cuyo fundamento ya no es la tribu sino el hecho de pertenecer naturalmente a un mismo grupo social o comunidad lingüística.
Si bien la palabra era propia de la lengua que se habló desde el siglo V hasta el siglo XI en lo que era entonces Bretene, la concepción del lenguaje como algo natural es el modo de concebir hoy día la palabra language en la lengua inglesa, a pesar de que dicha palabra, language, fuera introducida en la lengua en el siglo XIII, justamente cuando se introdujo entre los anglosajones el modo de pensar sustantivo gracias al cristianismo . Es decir, cambió formalmente la palabra pero conceptualmente language se concebía según el mismo modo de pensar que dio origen a ğe.peode.
Así pues el concepto de «lenguaje» es un concepto creado por los hablantes —al igual que todo otro concepto — con los instrumentos propios de una lengua dada y dentro de una historicidad, según el modo de pensar vigente en la comunidad linguística en la que se da el concepto señalado.
XI. MI LENGUAJE Y EL ACTO LINGÜÍSTICO
El lenguaje no es una realidad hecha. Es una realidad que nace justamente en el momento del hablar decir y conocer. La expresión el lenguaje nace es algo más que una realidad ajena al sujeto que habla, a mí que trato de manifestarme en lo que soy. El lenguaje en realidad no nace al hablar. El que se hace a sí mismo es el hablante. Es decir, soy yo el que al crear el lenguaje me hago a mí mismo como ser humano. Yo soy el sujeto que habla dice y conoce, yo, mi yo soy el que por hablar decir y conocer entiendo, y que por hablar decir conocer y entender pienso. Esta serie de juicios deducidos de la realidad del yo que hablo digo y conozco quiere decir que la participación del sujeto, mi yo que ejecuto mi lenguaje en el acto lingüístico, es determinante y exclusiva y que por tanto lo que yo hago en el momento del hablar es ejecutar mi propio yo, ejecutar mi propio proyecto de vida, ser que me hago a mí mismo cuando ejecuto lo que llamamos el acto lingüístico. Y puesto que yo sujeto hablante dicente y cognoscente soy creador porque soy libre y a la vez soy un sujeto que se hace a sí mismo como humano dentro de la historia que me ha tocado vivir, el acto lingüístico lleva en sí mi impronta, que es única. El acto lingüístico así no es nada autónomo ni nada esporádico. Es un acto trascendental puesto que constituye el medio por el cual yo como sujeto hablante dicente y cognoscente me hago a mí mismo a diario. Por esto el acto lingüístico es siempre único e irrepetible teniendo en cuenta que el acto lingüístico no se hace más que en un contexto una situación y perteneciente a un entorno. Sin temor a equivocarme puedo decir que la finalidad del acto lingüístico no es el hablar decir y conocer (el objeto material de mi actuar en el mundo) sino la propia ejecución de mi ser como sujeto que me hago a mí mismo como humano (objeto final de mi actuar en el mundo). Esto es así porque yo tengo que vivir y desarrollarme en el momento de la historia que me ha tocado vivir. Así pues mi acto del hablar decir y conocer es una realidad que nace en mi propio ser en este mundo rodeado entre las cosas y dirigido a mis co-hablantes con los que tengo necesariamente que compartir mi vivir en el diálogos.
De esta manera y en consecuencia tengo que analizar mi acto lingüístico en lo que es. Tengo que determinar en todos mis actos lingüísticos cuál es el por qué de los mismos, es decir, cual es mi intención significativa como hablante individual.
Mi acto lingüístico o acto del hablar decir y conocer
Mi acto lingüístico como acto del hablar decir y conocer es una actividad que yo realizo desde mi conciencia. Consiste en la síntesis cognoscitiva que realizo según mi intuición en la que interviene mi sensibilidad y mi intelecto guiados por mi imaginación (Kant). De esta manera, mi acto lingüístico, la manifestación primera de mi lenguaje consiste en la proyección de mí hacia las cosas de aquello que yo soy y ejecuto desde mi conciencia. Las cosas sobre las que digo algo así tienen un grado de realidad relativo, el que yo les doy proyectando mi intención significativa sobre ellas, utilizando para ello las palabras de mi lengua, creando así mi logos, y mi verdad. A continuación voy a reflexionar sobre la realidad de mi acto lingüístico, mi acto del hablar decir y conocer. Mi acto lingüístico no es más que la ejecución de mi vivir en una circunstancia dada, es decir, en un contexto y una situación dados y dentro de un entorno.
El acto lingüístico y la creación de mi yo y de las cosas
Mi acto del conocer, fundamento de todo acto linguístico, no es más que la expresión de mi libertad e inteligencia. Es una actividad libre orientada a dominar y manipular lo que yo aprehendo transformándolo en un decir por medio de un hablar. En el acto del conocer yo me manifiesto como un sujeto que
Me separo a mí mismo de lo sensible y concreto, es decir, que como primera acción me hago a mi mismo separándome de aquello que me viene de mis propios sentidos. Todo acto del conocer empieza desde la aísthesis (Aristóteles), aquello sensible que me dan mis sentidos o que creo yo en mi acto del conocer. Está claro pues que por encima de mi sensibilidad está mi ser mental, mi intelecto.
Transformo lo sensible y concreto en algo abstracto y virtual. Es decir, el acto lingüístico consiste en hacer de aquello que me viene de mis sentidos, mi aísthesis ejecutada sobre algo de lo que tengo un interés dado, haciéndolo algo mío también pero de carácter totalmente distinto, algo que de ser sensible y concreto es transformado en algo mental abstracto y virtual. Con esto y gracias a mi imaginación ejecuto la síntesis de la que hablara Kant, la conexión sintética de mi intuición.
Realizando estas dos operaciones dentro de mí mismo en mi conciencia, mostrando mi dominio sobre mi acto libre del conocer que une los opuestos como unidad de razón y cosa sin implicar análisis ni reflexión. Es pues vóησις τῶν ἀδιαιρέτῶν, apprehensio indivisibilium, y, por ello, mi lenguaje no es ni verdadero ni falso : simplemente significativo, es decir, representativo.
Para superar la circunstancia en la que me encuentro;
Creando de esta manera algo que antes no existía, algo que es siempre nuevo.
Estas cinco manifestaciones señaladas son la manifestación de mis dimensiones como ser que vivo en el mundo, ser ahí que me manifiesto en lo que soy, ser creador pero ser limitado que tengo que superar mi circunstancia . A causa de estas manifestaciones yo creo:
Mi propio yo, es decir, mi conciencia. Yo soy lo que en todos los actos de mi conocer me he ido haciendo a mí mismo a lo largo de toda mi vida y cada vez que hablo digo y conozco.
Cosas virtuales, es decir, contenidos de mi conciencia, significados objetivados en la palabra o lenguaje;
Las cosas y un mundo lleno de cosas, es decir, la realidad ;
Creo y recreo la lengua particular , ya que uso palabras y significados que no son míos sino de mi comunidad lingüística;
Y creo mi mundo lingüístico en el cual vivo y viviré y al cual agrandaré cada vez que hable diga y conozca durante toda mi vida
De esta manera la palabra, mi lenguaje, se manifiesta en un triple nivel:
Mi lenguaje es la creación de significados, la objetivación de contenidos de la conciencia, y pensamiento (=logos);
Mi lenguaje se convierte en mi lengua, algo que es común y participado con otros dentro de mi comunidad lingüística;
Mi lenguaje es un conjunto de realizaciones individuales, discurso, algo que se manifiesta en los actos lingüísticos, única realidad con existencia concreta de todo aquello de lo que decimos lenguaje .
Tanto si lo denominamos como hablar palabra o discurso, mi lenguaje se resume en una actividad que yo realizo, una actividad libre y creativa y a la vez una actividad contingente e histórica, orientada siempre a conseguir un fin . Este fin no se puede conseguir en sí mismo más que indirectamente, creando un «mundo fantástico », representativo, que dé explicación a lo que me rodea, un mundo fantástico y mental que sea la interpretación de lo que me rodea dando por supuesto que coincide con eso que me rodea, lo externo a mí. De esta manera el constructo fantástico y mental que me he fabricado representa, o pretendo que represente, lo que me rodea haciéndolo así un algo concebido por mí, denotado según mis imágenes inventadas, y designado por mí, con lo que doy por supuesto que es real, ya que coincide lo mental con lo externo a mí que me rodea. Y una vez hecho real, lo convierto en verdad al decir algo sobre ello. Con esto aquello que me rodea es transformado de ser simplemente a ser algo real, cosa asunto pragmático que constituye mi vivir en el mundo, y mundo compuesto de cosas. Y una vez que lo he hecho real digo y pienso sobre ello, haciéndolo así verdad.
Los medios que utilizó como hablante en el acto de mi conocer, o acto de ejecución de mi lenguaje, son los instrumentos a priori que componen el lenguaje mismo, a saber: el hablar decir y conocer, el entender, y el pensar, medios que surgen dentro de mí que por ello soy el sujeto hablante dicente y cognoscente .
Mi acto del hablar y conocer como acto de decir
Yo hablo porque tengo algo que decir, digo porque me defino ante aquello de lo que quiero hablar. Y hablo y digo porque conozco. Los medios del lenguaje, pues, son todo aquello que constituye el lenguaje en sí, instrumentos a priori que constituyen a la vez mi propio ser hombre. Por esto el lenguaje no puede ser más que creativo . Su finalidad es infinita , identificándose con el decir , o la definición de mí mismo ante lo que me rodea , e identificando el decir con mi intención significativa propia . En este sentido el decir determina tanto mi conocer por arriba como mi hablar por abajo. Por arriba, mi decir guía mi conocer porque yo siempre que hablo tengo la intención de decir algo, mi intención significativa individual. Y por abajo, porque el decir determina mi hablar. En cualquier caso, hablamos siempre de algo que viene al sujeto de dentro, fruto de mi propia creatividad y mi propia libertad.
Mi acto lingüístico y la realidad de mi hablar decir y conocer
La realidad de mi hablar decir y conocer se da en mi acto lingüístico. Los hablantes al mismo tiempo que hablan tratan de entender su propia realidad en el contexto y la situación en los que el sujeto se mueve y vive. La realidad de mi acto lingüístico abarca tanto lo interno a mí como aquello que yo sujeto cognoscente (mi propio yo) proyecto sobre lo que me rodea, constituyéndolo en objeto de mi conocer decir y hablar. El hablar en este sentido es hablar y entender proyectándose doblemente sobre las cosas y sobre mis co-hablantes, la ejecución de la finalidad propia de mi acto del conocer. En este sentido la realidad de las cosas por un lado, y mi propia realidad es algo que nace en mi conciencia. Por tanto, el qué de mi conocer y el por qué del mismo tengo que buscarlos dentro de mí. El qué de mi conocer para hablar y decir es aquello que libremente yo aprehendo, algo que siempre es ajeno a mí, lo otro que yo, las cosas. El por qué de mi aprehensión lingüística, la finalidad de mi acto del conocer, no puede ser más que mi interés por conocer. En este sentido, debido a mi condición libre mi interés por conocer no es más que el desarrollarme a mí mismo entre las cosas, siempre con la vista puesta en mi interés personal, es decir, en mi propio desarrollarme o hacerme a mí mismo como humano. Y, por último, el cómo de mi conocer para hablar y decir tengo que buscarlo fuera de mi, en mi lengua, lo cual constituye, según Ortega y Gasset, el modo de pensar , el cómo de mi aprehensión lingüística.
De todo esto podemos sacar una conclusión. Mi acto lingüístico como acto indisoluble de hablar decir y conocer nace en mí, lo ejecuto yo con medios que son yo mismo y medios que, para poder manifestarlos a los demás, son materiales, es decir, pertenecen a mi comunidad lingüística (lengua), en la que vivo, y la razón de ser de mi acto lingüístico no es más que mi propio y exclusivo interés. De esta manera, yo que vivo en este mundo, me desarrollo a mí mismo en lo que soy, un ser que tiene que superar su circunstancia en todo momento de su vivir y de su co-existir doblemente entre las cosas y en colaboración y participación con mis co-hablantes.
XII. CONCLUSIÓN
El lenguaje es un concepto que yo creo, que define mi actividad mental que es muy compleja pero que se puede descomponer. Mi lenguaje consiste en las actividades mentales que yo tengo que hacer a diario y repetidamente como ser que soy en este mundo en el que me desenvuelvo. Se trata de mi hablar, decir, conocer, entender, pensar, y querer decir (mi intención significativa individual). Como tal mi lenguaje es producto de mi libertad y de mi condición de ser con-otro. Por este motivo el lenguaje, mi lenguaje, es radicalmente distinto de lo que llamamos la lengua. En sí mismo mi lenguaje es la base fundamental para mi creatividad con la que se confunde, y constituye el fundamento último de mi ser y mi existir en el mundo lingüístico que laboriosamente me voy creando. De esta manera soy yo el que crea mi lenguaje y mi mundo lingüístico y en reciprocidad puedo decir que yo me ido haciendo gracias a mi lenguaje en lo que yo soy y quiero ser.
BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA
Footnotes
Ortega y Gasset explica el por qué de la razón histórica (o historicidad) de la siguiente manera: «El hombre al nacer se encuentra siempre ya con formas de vida —modos de hablar y pensar, de sentir, de fabricar normas de conducta privada y social, etc.— que necesita absorber so pena de ser él mismo quien tenga que comenzar de nuevo a inventar, o crear todo eso, por tanto, so pena de retroceder al instante primigenio de la humanidad y volver a ser el primer hombre» (Ortega y Gasset 1996, 223). (p.5) ↩
Señalemos a este respecto los siguientes: los modos de pensar y los modos de ser de lo concebido, las funciones, las cosas, la lengua, el acto lingüístico, el diálogo. (p.6) ↩
Conflict of Interest
The authors declare no conflict of interest.
Ethical Approval
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Funding
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